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_MARTA DE ARÉVALO
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Comentarios críticos sobre
Antología de la poesía cósmica de Marta de Arévalo. México: Frente de Afirmación Hispanista A.C. 258 páginas, 207 poemas que corresponden a 35 libros (19 editados y 16 inéditos)

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Hugo Acevedo. Diario La República, Montevideo, Uruguay, 18 de mayo de 2003. LIBROS- Segunda Sección, p. 31.
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La poetisa uruguaya Marta de Arévalo ha desarrollado una profusa y fecunda obra a lo largo de varias décadas, incursionado en diversas temáticas que la han situado como una de las más versátiles y creativas de la literatura uruguaya contemporánea.  Entre sus obras anteriores, cabe destacar: ”Avisos Varios” (1982), “El arte de guisar amores” (1993), “El poeta y la noche” (1994) y “La luz en que vivo” (2000), obra que le hizo acreedora al prestigioso premio Gabriela Mistral.
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La poesía de Marta de Arévalo suele explorar temas para ella muy entrañables, como el amor romántico, el erotismo, la búsqueda mística de lo divino, la magia  que se esconde detrás de cada apariencia, la ausencia como desgarro, ruptura, pero también como poderosos motor poético, la incesante travesía en busca de la verdad o el fin último de la existencia, búsquedas angustiantes pero absolutamente insoslayables para la autora.
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En esta antología, prologada y preparada por Fredo Arias de la Canal, se reúne y analiza principalmente la producción de la escritora compatriota dedicada específicamente a lo cósmico y construida en clave mística.
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La introducción del analista literario resulta claramente ilustrativa en torno al contenido de este trabajo, en la medida que aporta diversos elementos de reflexión que coadyuvan a indagar con mayor claridad en la rica y por momentos recóndita poesía que Marta de Arévalo a  desplegado  en el decurso de su prolongada carrera artística.
El incesante viaje interior de la autora se ve manifiestamente reflejado en estas obras cuidadosamente seleccionadas por Fredo Arias de la Canal, quien nos conduce a través de los territorios poéticos más entrañables de Marta  de Arévalo.
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Esta edición incluye, además, algunas palabras clave para facilitar la comprensión y estudio de los poemas que componen esta antología. Este recurso resulta ciertamente fundamental para decodificar los lenguajes creativos de esta prolífica poetisa.
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Norma Suiffet (ensayista y profesora uruguaya). Discurso en la Presentación de la Antología Cósmica de Marta de Arévalo. Acto  realizado el Ateneo de Montevideo, 8 de agosto de 2003
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Fredo Arias de la Canal es un  psicólogo y ensayista,  que aplica  un método analítico a la poesía lírica y con ello difunde, desde un punto de vista muy personal y profundo, aspectos de autores universales y contemporáneos: ya sean Dante o Shakespeare, ya sean poetas que conviven con nosotros en países de habla hispana. Es así como sus antologías cósmicas nos mostraron algunos poetas que no conocíamos y otros que  estimábamos ya, con un ángulo  de enfoque diferente al habitual. Revela aspectos que el propio poeta no fue consciente cuando creó su obra. Y esta es una labor única que debe ser valorada en toda su dimensión.
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Ahora es Marta de Arévalo quien recibe este estudio excepcional, que permite al lector captar aspectos ocultos en la génesis íntima de su lírica.
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Penetremos, pues, en este mundo  poético alucinante. Estamos frente a una obra muy rica en  elementos líricos y en temas diversos, que abarca los dramas ontológicos del hombre, milagro del cosmos y de la creación.  Ignoramos en qué forma se produjo este milagro, ignoramos cómo el cosmos se creó y cómo en un  planeta que flota en su entraña infinita se formó un ser con alma, espíritu e inteligencia. Pero aquí estamos y uno de los dones que nos fue otorgado es la poesía. La poesía cósmica. 
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Precisamente, en este aspecto, Fredo Arias de la Canal,  reúne, un grupo de poemas que responden a estas características, en este  volumen que titula “Antología de la poesía cósmica de Marta de Arévalo”. Trabaja con esta riquísima lírica agrupándola en temas sobre un esquema que aplica a la obra de los poetas ejemplificados, y en el que estudia no sólo la obra édita de esta autora, sino también la inédita, que es muy amplia. Por lo tanto, este análisis abarca el lapso completo de su actividad, a partir de sus iniciaciones, y a través de él deja dibujado, en forma cabal, el perfil lírico de la poetisa  uruguaya.
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La profundidad poética y temática que se reveló en “Ojo de Leopardo” (1981–2ª ed.1998), se prolonga por diversos poemarios, hasta culminar en “Juego Terrible” (2002). No obstante, sorprende al conocedor de su lírica, en otros poemas, algunos pertenecientes a libros inéditos y otros aparecidos en diversas publicaciones especializadas del país y del exterior.
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Dentro de la línea que se podría llamar esotérica, poemas de la obra inédita “La Diosa”, surgen como mensajes de otras dimensiones frente al drama que inexorablemente todos debemos atravesar cuando nos llegue el final.
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Los poemas de este libro encierran una voz atemporal, como venida de otras escalas espaciales, como si el pasado misterioso de los dioses extraños, siguiera planeando sobre algunas almas que tal vez reencarnaron en un milagro que no se puede develar con certeza. Y esas voces  llegan del fondo de los tiempos, con llama de luces y cristales, especialmente en el poema “El Sueño” en el que la poetisa invoca a la diosa Isis, emblemática deidad egipcia, con la que su espíritu se sintió plenamente identificado. Y estas visiones oníricas se proyectan hacia el futuro en la inmensidad cósmica de estos poemas.
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La luz se presenta en múltiples manifestaciones que encarnan metáforas de diverso simbolismo. Como ya se expresó, es fundamentalmente la personificación del espíritu, pero la poetisa la encarna a través de otros elementos para impartir más fuerza a su significado y dar más calidad estética al poema: así la presenta como mariposa en “Memoria de luz”, poema perteneciente a Revelación (1972, editado en 2000) y la relaciona con seres irradiantes: estrella, sol, para testimoniar  su presencia a través de los hitos temporales que atraviesa. Esta luz es un rayo de estrella, o es un contrapuesto al polvo, en el poema “La Luz en el polvo”: 
La luz azul en el polvo / no cesa de repicar. / Sopla dentro de los huesos / como campana o compás. (p. 124.  Y más adelante): Obsesión de luz y polvo / en la noche sin umbral. / Cantan los silfos secretos / en el ritmo circular.
Todo el romance entrelaza ambos aspectos en su símbolo de opuestos: la claridad impalpable y la oscuridad táctil del polvo, que, a la vez,  son representantes de lo elevado y lo bajo, del cielo y la tierra y al fin, de la vida y la muerte. Concluye el poema con una exclamación filosófica: "¡Alfa y única es la luz!"
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Este juego de opuestos tiene otros aspectos simbólicos: el agua y el fuego, con los que se representan dos elementos fundamentales del cosmos: "Concertada vengo rauda a tu vertiente / a plantar entre tus aguas /  fuego y germen" (p. 175).
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Relámpagos, resplandores, estrellas, luceros, soles, son diferentes símbolos que surgen en esta lírica y se entrelazan como una unidad indivisible con los opuestos, tal como se consignó antes: "Soy relámpago y paloma taciturna / donde el verbo entre la luz  se transfigura" (p. 175).
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Hay una conexión astral y esotérica en la poesía de Marta de Arévalo que viene desde los momentos primigenios de la creación y se pone en evidencia en esta Antología, enriquecida por las poesías que  permanecían inéditas. Esta relación se proyecta en diversos puntos de contacto con divinidades de culturas ancestrales: el vínculo con Isis – cuyo nombre fue su seudónimo en el comienzo de su actividad literaria -, significa una raigambre muy íntima con el Egipto misterioso de los faraones.
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Y no es la única relación con lo esotérico. Dice en “Sacerdotisa de Eros”: "Sacerdotisa de Eros / velada de enigma y sal. / El cabello resguardado / por la luz desde el altar"  (p.43).
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Así conecta la anterior referencia a la luz, con este aspecto de la poesía, pues el ocultismo y las creencias antiguas están estrechamente vinculadas a la luz y a la oscuridad, según el simbolismo que se les atribuya. En este caso, Eros es una divinidad griega del amor, con raíces muy profundas en otras culturas.
Y volviendo al símbolo de la luz, se manifiesta  ampliamente en su poemario del año  2000 ”La luz en que vivo”, en el que Marta de Arévalo juega con las oposiciones, recurso tan  querido y tan importante para ella. En “Luz”, parte del mito del Minotauro: "Dual. / Minotauro ciego. / Minotauro astral" ( p. 190).
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Con estos dos adjetivos evidencia la oposición referida: El Minotauro es un monstruo de las tinieblas que habita las profundidades del laberinto, por lo tanto, es ciego a la luz. Y su símbolo fue transformado por Teseo, al matarlo y al abrir el antro en que vivía a su proyección astral, por lo tanto, luminosa.  Es de notar, la capacidad de síntesis que la autora manifiesta sólo con dos palabras: “ciego” y “astral”.
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Este contraste se refuerza en “Luz y Sombra”, poema del libro inédito “Magia y plenitud de la luz”. Es el constante juego de los opuestos de la vida. Todos somos un conjunto de luces y de sombras que se alternan y que, según  los seres y las circunstancias, predomina en un aspecto o en el otro. No creo que la presencia de uno solo de estos elementos sea absoluta.   Y este dualismo lo expresa la creadora con el ritmo ágil del romance: "Cuando esta luz indómita / destila mieles adentro / me deslumbra el esplendor / y en tinieblas me disperso" ( p. 156).
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Luego de consignar esta dualidad, que le hace sufrir, concluye el poema con una exclamación y una pregunta: "¡Me muero de sombra y luz! / ¿Qué astro fue tan perverso / que me legó este destino / de ala y reja, flor y espectro?" ( p. 156).
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Es una de esas preguntas ontológicas que quedan flotando en el numen del poeta.
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La noche, amada deidad de nuestra creadora, está presente en forma constante. Marta de Arévalo es un ser noctámbulo. Ama la noche porque en ella revive, de ella toma fuente de inspiración y actividad y en ella se sumerge como en una linfa vivificante, que otorga fuerza y alienta a su obra. “Plenitud nocturna” es el título de uno de sus inéditos y en él late toda esa hechizante vida envuelta en sones de grillos y sombras extrahumanas.
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Un hálito esotérico se desprende de esta poesía, que aparece como conectado a los fondos de los tiempos, cuando sacerdotes y sacerdotisas, dioses y diosas rendían extraños y a veces siniestros cultos de los que apenas nos llegaron indicios. Casi todos relacionados con la noche. Las más antiguas religiones de Babilonia, Sumeria, Egipto y otros mundos perdidos en el tiempo, parecen haber tocado a la poetisa y remotos seres incorpóreos le dictaron poemas que no siempre se explican por la razón. Esto los hace misteriosos, a veces fascinantes, por el entretejido de las imágenes, los símbolos y los conceptos, que flotan en un ámbito de irrealidad, que tal vez se convierte en verdad a través del insondable abismo de los siglos. Ella vive en el presente, pero parece conectada a ese extraordinario tiempo que habrá existido en un lejano ayer.
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Por eso invoca: "Aquella que invocaste, sacerdotisa astral, / en milenios despierta estará para ti y en ti. / Sabiamente vendrá, dulce, en la hora exacta. / Aquella que invocaste, la del áureo perfil" (p.3).
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Este poema integra “La Madre de los Siglos” de 1982 y  ya su título nos sugiere el elemento temporal al que aludí antes. Y en este aspecto, la luna cobra una importancia capital. No es el astro romántico de los  poetas que lloraban bajo su fulgor. Es algo más misterioso y profundo. Es una presencia constante y simbólica: la luz en la noche, el fanal que ilumina las tinieblas y sonríe a las almas que la veneran en su altar misterioso. No está fija: recorre el espacio en su órbita, pero también baja hasta nosotros en el reflejo que nos la acerca: "Yace la luna  / en el suelo / como gastado oropel" (p. 23).
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Tiene una multitud de colores, más que de su clásico plateado: "Un ser azul y estrellado / gira en luna de azafrán" (p. 32).
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"Amapola de la luna / canta plata de campanas" (p. 33).
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"Roja luna solitaria / desafiadora de signos. / Crece púrpura y colmada / en esperanza y martirio" (p. 14).
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"Era una luna verde  / a la orilla /  de un páramo de asombro" (p. 18).
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"El ojo gris de la luna / traza sendas solitarias" (p. 7).

Otras variantes enriquecen el símbolo en cada una de sus expresiones y a su vez le dan el viso de realidad auténtica, pues la luna adquiere todos estos colores y formas, según su periplo y la latitud en que se halla quien la observa.  La luna también se asocia a diversos sentimientos por medio de los cuales se la personifica:
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"La luna asomó a la fuente  / y el agua la desvistió" (p. 10).
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"Tiene la luna una llave, / hoz de cobre, llave intacta" (p. 12).
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"Un mar de luna en angustia / espectral y manifiesta" (p. 11).

Otras veces se le atribuyen entornos siniestros:
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"La estirpe más antigua / de una luna escorpión" (p. 24).
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"Mordida la espiga en luz de alacranes / me recuesto desolada / en la luna fantasma" (p. 18).
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"De noche, lejana y sola / como abismo el ojo abierto" (p. 15).
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En esta yuxtaposición de sustantivos, subyace una carga evocativa del antiguo Egipto, misterioso y a veces siniestro, con el símbolo sagrado del escorpión, el que recorre las arenas del desierto y se vuelve traicionero con su picadura mortal. La poetisa está sufriendo mucho e intuye una revancha con la presencia de este símbolo tan siniestro y poco habitual para la pacífica y sonriente luna de las noches plácidas.
Su opuesto son estas imágenes: 
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"La luz clara de esta luna / alumbra mi sombra intensa" (p. 36).
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"La luna de oro / sueña su nostalgia" (p. 22).
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"Miraba mi alma la luna / y en su espejo reflejada / desolada, se encontró" (p. 23).

Ya más tranquila, asume con calma su dolor.
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La luna sueña, ama, grita, está viva y late en las entrañas del espacio y contagia su vitalidad misteriosa a Marta de Arévalo, brindándole la fuente encantada de su belleza simbólica y espiritual.
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Los ojos, como símbolo de lo infinito, son uno de los aspectos más personales de esta lírica. Representación del Universo y hasta similares al signo matemático del infinito, los ojos son fuente de inspiración poética al punto que en dos de sus libros los incluye en el título: “Ojo de leopardo” (1981) y “Con ojos de fantasma” (1972, editado en 2000) Este símbolo se manifiesta de diversas formas: 
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"En el ojo dilatado de lo arcano / se revela la espiral de los milagros" (p. 175).
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En este caso el ojo da idea de infinitud y es, a su vez, recipiente de los secretos cósmicos, manifestados a través de la espiral, otro aspecto que nos recuerda que las galaxias se presentan en espiral flotando en el espacio. Esta relación con los milagros es una síntesis de la asombrosa revelación de este mundo alucinante de espacio, universo y estrellas.
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Los ojos no solamente tienen caudal simbólico, sino que también se los presenta en su sentido más recto y humano: "Cuando mis ojos se abrieron a la vida" (p. 179).
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Y podemos seguir con otras impresiones metafóricas: ojos como espejos y trasmisores de luz:
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"Cuando no espejean los ojos sombríos / su luz en otros ojos" (p. 189).
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"Pupila de un fuego / que me nombra" (p. 62).
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"Con el rostro que callaron los profetas  / con los ojos con que alumbra / sol y abismo" (p. 190).
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"Si el perpetuo destello de tu ojo insondable / me tapia los ojos humanos" (p. 254).
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En este caso es un cruce de sensaciones: “el ojo insondable”, es el simbólico que detiene la luz a “los ojos humanos”.
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En todo este mundo alucinante de luces y sombras, de espacios infinitos y límites terrestres de la vida, en que dioses y símbolos se entrecruzan para dar un soplo de arte, de belleza y a la vez de inquietante permanencia en un espacio tambaleante de vida y de muerte, la profundidad de la poesía busca reflejar aspectos ínclitos del espíritu difícilmente expresables con palabras, a menos que estas estén imbuidas por el soplo del arte, de la poesía. Sólo así se puede llegar a cumbres cósmicas con el sufrimiento del poeta para expresar estas singulares sensaciones y por ello, Marta de Arévalo resume su experiencia espacial en estos versos: "Gota a gota exprimo mi luz / y de un sorbo amargo / me bebo el cielo" (p.184).

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Héctor Roberto Paruzzo (poeta y crítico argentino). “Poesía de Rosario” (Revista Internacional de Poesía 12, Rosario, Argentina, 2003)
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"Un día el correo del Uruguay me trajo un poemario intitulado 'Mirar lo que está lejos', publicado por el Grupo de los 9, en el cual esos poetas celebraron 20 años de esfuerzo literario... Me percaté que esta entrega tenía un significado especial. porque el libro llevaba la dedicatoria de Marta de Arévalo en nombre del grupo, y en él consignó los poemas de su juventud".
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Así nos comenta Fredo Arias de la Canal, recopilador y prologuista de esta nueva publicación del Frente de Afirmación Hispanista, de México, de la que es director, y que nos ha hecho llegar un ejemplar para nuestra revista Poesía de Rosario.
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Pero antes presentaré a la poeta, Marta de Arévalo, para lo que tomaré, justamente, la reseña biobibliográfica que figura en el citado libro Mirar lo que está lejos (1998):
‘Con 28 títulos publicados, y varias veces laureada por el Ministerio de Educación y Cultura, su obra se difunde en antologías y publicaciones de Hispanoamérica, EE. UU. y Europa y abarca los géneros de poesía, cuento y ensayo breve, así como poesía, cuentos, canciones y teatro para niños y jóvenes. Sus poemas aparecen dominicalmente desde 1983 en su columna: “Poemas Clasificados”, del diario el País, Montevideo. Es editora de la revista BLANCO, Arte y Cultura y Lunita de Papel, literatura infantil ilustrada. Desde 1988 dirige un Taller Poético. La obra de la autora ha merecido la atención de la prensa nacional e internacional. Su nombre y / o su trayectoria aparecen en “Biografía de intelectuales uruguayos”; “Almanaque mundial”, Panamá; “Diccionario bibliográfico de la mujer en el Uruguay”; "Los barrios de Montevideo”, Colección de Monografías, obra que edita la Intendencia Municipal de Montevideo; “Agentes culturales”, edición del Ministerio de Educación y Cultura, “Historia del Uruguay” (1995); “Muestra de Literatura Uruguaya”, Montevideo 1997; “Quién es Quién en Uruguay”, Editorial Panamericana. En 1995 apareció en España la cuarta edición de su libro “Avisos varios”.
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Dado el espacio, haré un muy sucinto comentario de la poesía de esta “Antología de la Poesía Cósmica de Marta de Arévalo”, y que Fredo Arias divide en secciones de acuerdo a una determinada simbología arquetípica psicológica establecida por él en el estudio preliminar con el título ‘De la sed a la alucinación’. En cambio, me ceñiré pura y exclusivamente al mensaje poético.
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Con un contenido evidentemente de tipo simbólico hermético, con alusión a ritos iniciáticos dentro del espacio de lo hierático, lo cual no es sorprender dado que uno de los seudónimos de Marta de Arévalo es el de ‘Isis’. Pero, al margen de esta significación que enriquece el texto, el lector puede disfrutar de lo puramente poético en sí mismo.
En ese sentido la poesía de la poeta uruguaya tiene una raigambre hondamente hispánica.
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Ejemplarmente "cósmica" en todo el sentido de este término que ostenta la colección que viene editando Norte (nosotros hemos comentado en estas páginas varios de los títulos), dado que es una poesía que canta a todos los elementos del universo cuyo centro es el ser humano, citaré como cierre a esta escueta reseña “Canto a la palabra”:
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“Canto a la palabra. / A la esencia misteriosa /  que trasciende en el lenguaje / su perfección ritual. / Que nombra lo abstracto y lo tangible / el pan y la aventura / la mano y la tristeza / los siglos y el segundo / el vacío y la gloria / el odio y la paz. // Canto a la palabra. / Amo su intangible contorno / radiante en nosotros./ Omnipresente en todo. / La palabra minúscula y enorme / que dice niño, átomo, amistad.// La enérgica y tajante / que pronuncia: ¡Dignidad! / La sonora y majestuosa /  de la música del verso / y la verdad./ La palabra sinuosa de la luz etérea / en metafísica genial. //  Canto a la palabra prodigiosa /  -milagro cultural- / que abre los caminos /  de mí hacia los hombres / del hombre al hombre /  del hombre al universo / del universo al alma. //  Canto a la palabra / -Concreción sin par de espíritu y materia- / porque amo / su sapiente claridad. //  La amo / porque canta en su fuego transparente /  el cósmico latido de Dios.”
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Creo que este poema sintetiza de algún modo la Poesía Cósmica de Marta de Arévalo.
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José Manuel Solá (poeta puertorriqueño). Carta de respuesta a la invitación al acto de presentación del libro en el Ateneo de Montevideo
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Puerto Rico, 28 de julio 2003
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Marta de Arévalo, poeta
Montevideo
Uruguay
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Acabo de recibir la invitación para la presentación del libro Antología de la Poesía Cósmica de Marta de Arévalo que se llevará acabo el día 8 de agosto (2003) en el Ateneo de Montevideo. Demás está decirle que nada me llenaría más de felicidad que el poder estar esa noche a su lado en la docta casa, en esa patria suya que con tantos y tan dulces recuerdos me traje una vez en la memoria.
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Usted, Marta de Arévalo es una de las voces más relevantes de la lírica hispanoamericana. Pienso que su voz no obedece a generaciones pues la poesía, cuando es auténtica- como lo es la suya- trasciende esas innecesarias guardarrayas en las que ocasional y tribalmente se encierran algunos grupos. Es la suya voz recia que conmueve y provoca, que rompe los límites de la angustia existencial y del dolor humano y se transmuta en un ala de fuego alborozado.
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Esta antología, que tuve el honor de tener en mis manos temprano en abril de este año y que recoge lo mejor de su producción literaria, constituye uno de los más grandes aciertos del Frente de Afirmación Hispanista y del excelente don Fredo Arias de la Canal. Podría afirmar sin temor a equivocarme que la misma es en cierta medida un homenaje a la poesía uruguaya contemporánea por medio de su persona.
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Naturalmente, la geografía me impide estar físicamente a su lado esta noche. Pero el corazón, que tiene alas, reta esa geografía que en apariencia nos separa y venciendo distancias se va por las montañas infinitas de la América nuestra y esta noche del 8 de agosto se hará presencia en algún rincón de la sala, se hará presente en el aplauso de sus  compatriotas y estará en el invisible pero cierto abrazo fraterno que desde esta isla le envío. Atentamente.
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José Manuel Solá
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Julia Galemire (poetisa y ensayista uruguaya). La ONDA digital- Revista de reflexión y análisis 153 (16-9-03 a 22-9-03)
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PRESENTA ANTOLOGÍA POÉTICA DE MARTA DE ARÉVALO EN MÉXICO.
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Marta de Arévalo no es sólo una destacada poetisa, sino también una auténtica mujer de la cultura. En lo primero porque su creación en los territorios de la poesía,  le ha permitido publicar unos treinta libros o más, lo que habla elocuentemente de una intensa vocación y una fecundad poco frecuente en nuestro medio. En lo segundo, porque Marta ha publicado una revista, B.L.A.N.C.O., que le ha permitido con generosidad, dar a conocer en sus páginas, autores nuevos. Como editora de libros, su política ha sido consecuentemente, la de hacer conocer a poetas y narradores que por razones varias, no han podido llegar al gran público.
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Su labor, en distintos ámbitos, ha sido intensa, su nombre es reconocido en el país y en el extranjero. Prueba de ello, es esta edición de Antología de la poesía cósmica de Marta de Arévalo que ha visto la luz en México con el sello del Frente de Afirmación Hispanista A.C., y, cuyo autor es Fredo Arias de la Canal que, cumple en aquel país y por medio de esa institución, una intensa y elogiable tarea de difusión de escritores de nuestro continente.
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El libro recoge poemas y en el prólogo de Arias de la Canal, este nos informa que ha dividido la obra en  dos partes, que consideramos igualmente sustanciosas. “En la primera parte – nos dice- presentaremos una serie de poemas donde aparece la luna como arquetipo principal. En la segunda parte consignaremos el resto de los ejemplos cósmicos.”
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En la oportunidad, ofrecemos a nuestros lectores, dos poemas de Marta de Arévalo, que nos permitirán evaluar en su verdadera dimensión la calidad de la creación de esta poetisa y que, refleja la visión  cósmica de la vida y del mundo de su autora: "Ocres": "Silenciosa se posa la tarde / en dormido abandono del sol. / Amargo un clavel moribundo / desata una luz misteriosa / en esencia y fulgor.// Anda un luto sutil en el aire. / La sinfonía del ocre / en las cosas / toda alma acrecienta./ De los ojos se adueña. // Mi fantasma / -luz pausada en la piel- / calla y sueña".
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"Sueño sola": "Sueño desde este polvo / con que hoy me visto / a que recién estreno / los caminos.// Mas yo sé / que era / desde siempre mi luz / en una piel etérea.// Sueño  a ser el sueño / y me sé muerta. / Muerta de aquella luz / que hace siglos de amapola / me señalaba el camino / hasta tu puerta.// Sueño sola / rastreando los luceros / que me señalen la vuelta".
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Página puesta al día por_Felipe Quetzalcoatl Quintanilla_el 8 de marzo de 2010
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